
De los primeros sad boys: Soul Asylum en CDMX
La primera vez que escuché el término sad boy, tuve que pedir explicaciones, temas generacionales. Después de tener mi respuesta, no podía dejar de pensar en Dave Pirner y la primera vez que vi el video de Runaway Train en MTV. Un morrito con ojos algo perdidos, algo hippie, algo grunge, algo nostálgico. Lo volví a ver en el video de Somebody to shove, con una mirada más maniaca y, muy al fondo, durante el solo de Dan Murphy, lo vi haciendo una especie de baile raro, como una caricatura de alguien que trata de ser sexy. Me tomaría más de 30 años en saber que ese baile, sí era sexy.
Marzo 1, 2025. Primera vez en el Foro Puebla de la CDMX. La noche era de nostalgias y arrepentimientos, uno no era muy lejano, perdí la oportunidad de ver a Soul Asylum en el Hell and Heaven del 2022, no me vuelve a pasar.
No se anunciaron teloneros, no los hubo. Con unos minutos de retraso, escuchamos una grabación, una especie de mix que recorría varias épocas musicales, al terminar, con una pausada prisa, Pirner y compañía caminaron al escenario a tomar sus instrumentos y tocar algo llamado The Only Thing I’m Missing, aclaro, gran rola, pero de las 200 personas que llenamos el foro (ponle más 100 o menos 100, soy malísimo calculando), el 98% estábamos ahí para escuchar lo que llamaremos “los clásicos”, el otro 2% era parte del staff y si eran fans de Soul Asylum, pedían a gritos las mismas canciones.
Casi al final del concierto, me enteré de que muchos llegaron muy tarde, por razones que desconozco, se me acercaban y me hacían preguntas para saber qué se habían perdido (no se paren cerca de los baños, uno parece guía de información), tuve que romper muchos corazones al informar que la segunda canción fue Somebody to shove, la tercera fue un clásico pre-fama llamada Made to be Broken, seguida de Misery (Nadie lloró en esa rola, nadie, nadie…).
Seguramente alguien puso en los boletos el dress code, yo no lo leí, pero casualmente lo cumplí, camisas de cuadros abiertas, sobre una camiseta, jeans rotos, botas, ni el DeLorean me pudo llevar tan rápido a 1993. Los no-tan-éxitos del Grave Dancers Union y el Let Your Dim Light Shine hacían que las voces subieran de volumen, sólo parando cuando esperábamos el inicio de la siguiente rola, dejando que en el silencio entre una y otra, escucháramos un “Dave, te amo”. En ese punto aún dudaba de la efectividad de los bailes semi-sexies de Pirner. Un “Dave, fuck me”, me dejó claro que sí, seguían siendo efectivos.
No hay un momento en que la banda luzca incómoda. Los puentes guitarreros de cada canción son un juego en el que Dave, Ryan y Jeremy se persiguen en el escenario. Cada puente parece una coreografía surgida de los ensayos en el garage de sus primeros años.
Las primeras notas de Black Gold, marcaron el momento en el resto del gig sería nostalgia pura. Una intro donde Dave relató que la siguiente rola significaba el momento en que Soul Asylum llegó a todo el mundo dio paso a Runaway Train y estoy seguro de que pude escuchar voces que trataban de cantar mientras contenían oleadas de nostalgia por los días donde no había redes sociales, sólo un canal donde grabábamos nuestros videos en VHS para reproducirlos en la siguiente peda.
Individual y personalmente, una favorita, Bittersweetheart, puso el mood un poco más festivo junto con Just like anyone. Se cumplían apenas menos de 60 minutos de concierto, mi teoría es que el playlist era el mismo de un festival, pero las manos arriba y los saltos al ritmo, evidenciaban que a nadie le importaba.
Tal vez un par de lágrimas se derramaron en String of Pearls, tal vez el cierre de April fool dejó a muchos con la sensación de “hubieran cerrado con las que tocaron al principio”, no importaba mucho. Por poco más de una hora, hubo mucho cuarentón que soñó por minutos que podían regresar a sus casas a ver MTV. Que aún podían vestirse como ese morro güero con mirada triste que años después, entenderíamos como un prototipo del sad boy. Por una noche, a unos metros de Insurgentes, nadie se lamentó de que el tren nunca va a regresar, tal vez porque nunca se fue.
Cantemos: Runaway train never going back, wrong way on a one-way track.